Hubo premios que hoy no se utilizarían porque la tecnología los ha sustituído por otros más prácticos pero que, hace años, eran muy deseados y para conseguirlos se necesitaba comprar mucho (y tener demasiada suerte), otros premios hoy son objeto de colección, también hubo promociones por acontecimientos deportivos o regalos al más puro estilo de los antiguos concursos de la tele.Vemos los premios que, hace décadas, nos ofrecían las marcas como la tentación para ser clientes y alcanzar aquello que en tiempo pasado se deseaba:
Comenzando con tecnología retro, Azur de Puig tuvo unos premios musicales que hoy son todo un clásico: sorteaba walkmans, radio cassettes, autorradio-cassettes, compactos y equipos HI-FI de la marca Sanyo, para "poner música a tus horas azules". La lista de ganadores del sorteo se publicaba en la revista Semana y las mil primeras cartas recibidas eran premiadas con un single hit-parade.
Cuando el teléfono móvil prácticamente no lo tenía nadie y solo estaba al alcance de una minoría, lo más parecido al móvil era el teléfono inalámbrico, algo novedoso y cómodo en una época en la que el teléfono fijo era lo más común. Dalky aprovechó este hecho para ofrecer la posibilidad de conseguir un teléfono inalámbrico a quienes consumieran sus variedades de postres.
Para ganar uno de los 500 teléfonos inalámbricos que sorteaba, había que enviar dos códigos de barras de Dalky a la dirección que se indicaba en el anuncio y así poder estar "Dalky que Dalky todo el día":
Acostrumbrados a hacer fotos con el móvil llama la atención ver promociones como esta en la que el premio, por reunir la colección de cromos de Bimbo, era una cámara de fotos pocket sensor. En ese entonces era un buen premio ya que se agradecía tener una cámara que no pesara mucho y se pudiera llevar fácilmente, pero las condiciones para lograrla no eran sencillas, había que conseguir tener todos los cromos...
Este anuncio igualmente hace ver tipos de premios muy valorados, razonablemente, en el pasado. En 1976 casi todo el mundo tenía tele en blanco y negro porque la tele a color no era precisamente económica, así que más de una marca tuvo la idea de ofrecer la posibilidad de conseguirla (pero no lo ponían fácil, como pasa cuando el tipo de regalo es muy codiciado).
El champú Lanofil sorteó varios televisores a color de la marca Inter. Para poder tener uno de ellos había que consumir el champú antes del 10 de julio del 76 ya que cuando el envase estaba vacío, a través de la transparencia de este, se podía ver un número que, si coincidía con el primer premio de la Lotería Nacional de esa fecha, se ganaba esta tele a color.
En 1986 fue el Mundial de México y Coca-Cola hizo una promoción especial por este acontecimiento sorteando 20 viajes a México. Además hizo una colección de cromos de los jugadores de la Selección Española que participarían en este Mundial y había más de 100.000 etiquetas de este refresco premiadas con camisetas, chandals, neveras, bolsas de deporte y libros del Mundial.
Solete fue la mascota del Equipo Olímpico Español para las Olimpiadas de Los Ángeles 84. Esta vez Nocilla regaló camisetas de esta simpática mascota a cambio de dos etiquetas de sus productos y 400 pesetas. Quien solicitara este regalo entraba en el sorteo de 100 muñecos Soletes.
A principios de los años 70 ir al gimnasio no era todavía un hábito, pero sí se empezaba a concienciar de la importancia de hacer ejercicio así que, para que se tomaran costumbres saludables, Nivea sorteaba unas maletas-gimnasio que contenían seis aparatos que ayudaban a estar en forma: "Con Nivea, piel sana en cuerpo sano" 😉
Un producto que pasó a la historia, pero no sin antes dejar un buen premio: el champú Colgate ofreció una escapada a Madeira para celebrar fin de año (con cotillón incluído).
¿Qué se entendía por "la ilusión de su vida" en los años 70? El detergente Elena interpretó que consistía en poder tener collares de perlas con broches de brillantes, abrigos de visón, pulseras de brillantes, lujosos coches y vueltas al mundo para dos y trató de tentar a sus clientes con poder hacer realidad sus sueños si participaban en la promoción ¿llegarían a alcanzar la ilusión...?
Y ya que estamos soñando, sigamos con utopías publicitarias: en 1987 el café Monky regalaba cocinas completas valoradas en 500.000 pesetas (cada una) además de otros premios como batidoras, tostadores, microondas y exprimidores.
Idea que pareció gustar porque, en 1988, Avecrem regalaba la "cocina soñada" en colaboración con Fagor y Porcelanosa.
¡Despertemos a la realidad! Es mucho más sencillo conseguir un muñeco Macario. Sí, porque el tomate frito Starlux, en 1988, tuvo a Macario de protagonista para anunciar los premios que sorteba: viajes gastronómicos a distintas ciudades europeas, 10.000 pesetas, 3 vueltas al mundo y, como dije antes, miles de muñecos de Macario.
Un premio que no fue complicado de conseguir (o no tanto como la mayoría de los que hemos visto por aquí) fue el que dio Gallina Blanca en 1985: simplemente había que ser un cocinilla, conocer alguna buena receta y enviarla a la dirección que indicaban. Cada semana se ofrecían 5.000 pesetas a las diez mejores recetas recibidas.
Lo de sortear sueldos no es solo cosa de Nescafé: el Flan Royal, hace años, sorteó un "sobresueldo" de 50.000 pesetas al mes durante un año.
Tampoco Hipercor ha sido el único que ha hecho regalos por su aniversario. Simago, en uno de sus aniversarios, estuvo generoso y sorteó, además del célebre coche, microondas, ciclomotores y hasta un apartamento-estudio en Torrevieja (qué de microondas se sorteaban antes).
Ya que hablamos de aniversarios, cuando la miel Granja San Francisco cumplió 50 años hizo un sorteo conmemorativo de varias vajillas como las de este anuncio (año 1987).De todos los premios que se sortean, el coche es un clásico. Recordando uno de los muchos coches que se sortearon en el pasado está este de la promoción de Scottex: el Seat Ibiza (además de sortear también cheques-compra de 50.000 pesetas para tener mucho papel 😄)
Kas cambió de opción y sorteó motos Honda CBR 1000 F.
En el pasado a varias marcas les dio por sortear joyas (por si aún duraba el efecto de "la ilusión de su vida" del detergente Elena 😆) y la crema de manos Atrix, ya que las manos eran su especialidad, sorteó anillos de brillantes (promocionándolos de una forma un poco sobrevalorada)
Por ambición en el premio, que no quede: Puleva quiso estar a la altura de los concursos de la tele y promocionó regalos como 50 diamantes con cadena de oro, collares de perlas y un apartamento junto al mar en la Costa Blanca.
Cerrando los premios que podían ganarse en el pasado, en los años 80, Dixan tuvo un juego llamado "Superlínea Dixan" que era parecido al juego del bingo pero con letras: en las tapas de los tambores de detergente venían impresos cartones con las letras ganadoras y dentro de cada tambor había una tarjeta con 8 letras. Completando con estas letras una línea del carton se ganaba el premio que figuraba al lado de esa combinación ganadora ¿fácil o casi imposible?
Para quienes creyeran que ganar con la Superlínea no era más que una estrategia para lograr que se comprara esa marca de detergente soñando ilusamente con un premio, Dixan hizo este anuncio demostrando que sí había ganadores (en este caso ganadora). No siempre son inalcanzables los premios.
(Fuente de los anuncios y mi agradecimiento: Todocolección).






















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